9 con Ana Díaz y Andrés Robledo de la Delegación Rural de La Serena

Ana Díaz, ingeniera en Planificación y encargada de planificación, gestión y proyectos de la Delegación Rural de la municipalidad de La Serena y Andrés Robledo, delegado rural de la comuna, nos informan sobre la actividad que lleva a cabo esta repartición dependiente del alcalde. El 95% del territorio de la comuna es rural y esta zona rural está dividida en territorios que son gestionados por representantes de la alcaldía. En la actualidad unas 30.000 personas viven en el sector rural, una población que ha crecido explosivamente en los últimos años debido a una creciente migración hacia ese sector de quienes buscan escapar de la congestionada vida en la ciudad, instalándose en parcelas, condominios y comunidades agrícolas, como Olla de Caldera, de 162.000 hectáreas, la más grande de Chile. Se trata de un espacio muy amplio, donde se ubican unas 26 comunidades rurales, una de las cuales están tan distante de la ciudad como unos 100 kilómetros. A estos números hay que agregar unas 435 majadas, término con el que se designa a los asentamientos donde se ubican los crianceros del ganado caprino tan característico de este paisaje.

El crecimiento de la población rural se alimenta de personas que proceden de otras regiones, como aquellos que se jubilan de la industria minera y llegan a instalarse por esos lados, más los habitantes de la zona urbana de La Serena que prefieren desplazarse hacia esas zonas rurales en busca de una vida más tranquila. Esto ha planteado un nuevo desafío a la municipalidad para atender a las necesidades de esa creciente población. Es así como la autoridad ha impulsado, por ejemplo, los PER o Programas de Electrificación Rural.  

El alcalde La Serena, Roberto Jacob Jure, con vecinos de la localidad rural de Agua Grande.

Por otro lado, Ana Díaz señala que “las grandes poblaciones o los grandes territorios rurales están sobre la cota de riego”, cuestión que apunta al impacto que tiene la sequía actual sobre quienes viven fuera de la ciudad, al dificultarles el acceso tanto para consumo humano como para realizar actividades productivas. Es tal la situación hídrica que algunos campesinos se han visto en la disyuntiva de regar sus plantas o dar de beber a sus animales. Ante la emergencia, el municipio ha debido contratar un camión aljibe para suministrar agua a las comunidades, yendo así en ayuda de la sobrevivencia del ganado (sumándose a los nueve camiones que ya reparten para cubrir el consumo humano). Como destacan Ana y Andrés, detrás de esto está el esfuerzo por preservar una cultura campesina, como la de los crianceros y la trashumancia, que son muy distintivos de la región.

El alcalde de La Serena, Roberto Jacob Jure, en la comunidad rural de Agua Grande.

Las autoridades han apoyado a los crianceros y campesinos en especial en lo que dice relación con la asistencia al ganado, que, como indicamos, se ha visto expuesto a lo peor de la sequía por la muerte de muchos animales. Sin embargo, el aporte técnico y científico ha redundado en la mejora genética de las razas – “ha habido un mejoramiento tanto en la carne como en la lecha” indica Ana – y una racionalización en la alimentación de los animales en los predios compensa las “veranadas”, por el menor desgaste que supone para el ganado.    

Andrés y Ana concuerdan en que falta más inversión en forraje, en capacitación para los campesinos, así como en energías limpias y eficiencia energética, en particular en el uso de la energía solar, sobre lo cual ya hay conversaciones con la embajada coreana para ir en ayuda de la electrificación domiciliaria en sectores rurales alejados; precisamente las áreas en las que el municipio trabaja para desarrollar asociaciones público privadas.

Nota: fotos gentileza de Ana Díaz Campos.

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